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Noche en el cementerio

Noche en el cementerio (el desenlace)

Si no has leído la primera y segunda parte de Noche en el cementerio, pincha en el enlace:

No recomendada para menores de 16 años

Noche en el cementerio (el desenlace)

No nos quedaba mas remedio. O lo hacíamos o no nos dejaría nunca en paz. Así que nos colamos en el instituto a través de la verja rota, y una vez dentro fuimos derechos ha la biblioteca. Como no conseguimos abrir la cerradura, rompimos uno de sus cristales y sacamos el anuario. 

Teníamos que ir a un sitio tranquilo para examinar a fondo ese anuario. Nos daba un poco de miedo volver a mi casa después de lo que había pasado, pero no teníamos ningún otro sitio donde poder estar a solas. Y a fin de cuentas, ¿si estábamos haciendo lo que el espíritu quería, por qué nos iba a atacar?

Examinamos el anuario con detenimiento. En la foto de grupo resultaba difícil averiguar de quien podía tratarse después de tantos años. Pero cuando empezamos a ver las fotos individuales asociadas a los nombres nos dimos cuenta de algo sorprendente

Noche en el cementerio

Había muchos apellidos que nos sonaban, probablemente de parientes de nuestros actuales compañeros de la escuela. Entre ellos el de Carlos. Como no reconocerle, el apellido Herrera era famoso en el pueblo.

Y, Julián Jiménez Alonso, jamás lo hubiéramos pensado. ¡El director de nuestro instituto! Ni siquiera sabíamos que había estudiado en nuestra misma escuela. Nunca lo había comentado. Y resultaba mucha casualidad que además estuviera en el mismo curso y el mismo año que falleció Ricardo Molina .

_ No me sorprendería en absoluto que tuviera algo que ver con lo sucedido. Dije yo con toda sinceridad. _ Resulta sospechoso, pero,…. el nunca nos contará nada de lo sucedido.

_ Es cierto. Continuó Natalia. _ Él no nos dirá  ni una sola palabra al respecto. Además, que íbamos a decirle: ¿Qué fuimos nosotros los que rompimos la vitrina y robamos el anuario?

_ Él no, dije mientras seguía mirando el anuario. _ Pero este puede que sí, mirar quien es: Eduardo Martínez Lozano.

_¿Quién? Dijeron Tomás y Natalia al unísono_ ¡Fijaros! dije al tiempo que les enseñaba una de las fotos de los exalumnos.

Noche en el cementerio

Natalia no vio nada, a fin de cuentas, ella no le conocía. Pero Tomás se quedó alucinado.

_ El Sr. Martínez. Susurro pensativo. _¡Tu vecino!

_ ¡Vayamos a verle!, tal vez el nos aclare las cosas. Puede que él sepa algo, a fin de cuentas, eran compañeros de clase.

A falta de una mejor idea para poder continuar, nos fuimos todos a ver a mi vecino, el Sr. Martínez. Aunque no con muchas expectativas, lo más seguro es no nos creyera ni una palabra de lo que le íbamos a contar.

Cuando llamamos a su puerta nos recibió como siempre con una amable sonrisa y nos invitó a pasar.

No sabíamos como empezar, aunque habíamos hablado de ello y había partes de la historia que no teníamos pensado contarle. Pero una cosa llevo a la otra y terminamos contándoselo con todo lujo de detalles.

No se sorprendió. Se quedo serio, mirándonos, sin decir palabra durante un largo rato.

Entonces suspiró profundamente mientras meneaba la cabeza negando. _ Llevo esperando y temiendo este momento muchos años. Dijo. _ ¡No puedo creer que la historia se repita!

Aquello nos sorprendió, no sabíamos a que se estaba refiriendo.

_ Ya es hora de que se sepa todo y que cada uno page por sus pecados. _ continuó_ Acercarme ese anuario.

Lo abrió y señalo una de las fotografías. _ Julián Jiménez. Dijo acusador. Y siguió buscando. 

_ El Director de nuestro instituto. Señalé. El Sr. Martínez, levantó momentáneamente la mirada y asintió.

Volvió a señalar otra fotografía. _ Carlos Herrera. 

 

_ ¿Es el padre de nuestro compañero Carlos Herrera verdad? Preguntó Natalia

_ No, contestó el Sr. Martínez pensativo. _ Es su abuelo, que también se llama Carlos. Y siguió mirando el anuario hasta dar con la foto de Ricardo.

_ Y Ricardo Molina. Continuó apesadumbrado. _ El pobre Ricardo.  Se sentía tan feliz de que le hubiéramos acogido en nuestro grupo que ni se imaginó lo que se le avecinaba.

Tan solo éramos unos chiquillos. Más o menos de vuestra edad. Fue también en Halloween, queríamos gastar una broma y hacer pasar un mal trago a alguien. Elegimos a Ricardo tal vez porque nos pareció el eslabón más débil. Como a vosotros, nos pareció algo inocente, tan solo una chiquillada. Pero Ricardo no tuvo tanta suerte como tú, Tomás.

El Sr. Martínez cerró los ojos como si le doliera recordarlo. _Aquella noche llovía a mares. _continuó_ Aún así fuimos al cementerio. Supongo que todos teníamos miedo, no solo Ricardo. Era como una especie de prueba de hombría. Disimular ese miedo gastando una broma pesada a otro. ¡Menuda estupidez!

 Empujamos a Ricardo a una tumba bacía y salimos corriendo. Pero no nos dimos cuenta que Ricardo al caer se había dado un golpe en la cabeza que le había dejado inconsciente. 

No volvimos a buscarle, no nos preocupó que le había pasado. Dimos por sentado que después del susto habría salido y se habría ido a su casa enfadado. Pero no fue así. Había quedado en la fosa inconsciente y boca arriba. La lluvia hizo el resto. Y el pobre no salió jamás vivo de allí.

Llevo muchos años con este peso. El Sr. Herrera, el abuelo de vuestro compañero. _ puntualizó_ El  que como ya sabéis, es prácticamente el dueño del pueblo, se reunió con nosotros y nuestros padres antes de que nadie más se enterara de que estábamos implicados  y nos hizo callar a todos. Alegó que el mal ya estaba hecho y que de nada serviría arruinar las vidas de los otros chicos. Que eso no le devolvería la vida a Ricardo. Tanto mis padres como los de Julián estuvieron de acuerdo. Trabajaban para el padre de Carlos, tampoco les quedó mucha alternativa. Además también querían protegernos.  El caso se cerró como un trágico accidente. Y nos prohibieron volver a hablar del tema.

Los padres de Ricardo no estuvieron de acuerdo. ¡Era lógico, era su hijo!. Pero también les hizo callar. Aquel día no solo perdieron a su único hijo. Perdieron su trabajo, de eso se encargaron los Herrera. Tuvieron que irse del pueblo. Según se rumoreaba, lo pasaron francamente mal. Aún así, venían al pueblo todas las semanas. A limpian y poner flores en la tumba de su hijo.

De un lugar a otro sin encontrar empleo ni donde quedarse. Al poco la madre enfermó. Su esposo desesperado, robo unas medicinas, lo que le hizo terminar en la cárcel.  Ella, sin medicinas y viviendo en la calle, no duró ni una semana. Él al enterarse se suicido.   

El Sr. Martínez suspiro profundamente y se secó una lagrima de sus pequeños ojos.

Pero ahora ha llegado el momento de que todo se sepa y que cada cual page por sus pecados. _Dijo con firmeza_ Solo así, el alma de Ricardo descansará en paz. Solo si se cuenta toda la historia se podrá evitar que vuelva a suceder.

Nosotros alucinados escuchábamos en silencio con los ojos como platos. ¿Cómo nadie hizo nada? ¿Por qué nadie les ayudó? ¿Cómo pudieron complicarse tanto las cosas?

Supongo que el miedo paraliza a las personas. Todos temían las represarías. Era más fácil mantenerse al margen para protegerse que dar la cara para salvar al prójimo.

De repente y sin mediar palabra, el Sr. Martínez cogió su chaqueta y se marchó de la casa dando un portazo. Como si no hubiera reparado en que nosotros nos encontrábamos allí.

Aquel día no fuimos los únicos que conocimos esa historia. El Sr. Martínez no se conformó con denunciar los hechos en comisaría. Llegó más allá y lo contó en el periódico local. El pueblo entero se echo las manos a la cabeza.

Después de conocer los hechos nos sentimos obligados a ir a limpiar  y llevar flores a la tumba de Ricardo Molina. Y no fuimos los únicos, muchos habitantes del pueblo nos siguieron.

Noche en el cementerio

El padre de Carlos se replanteo la inocencia de su hijo. Y para limpiar el nombre de los Herrera construyo un pequeño panteón donde reunió a Ricardo con sus padres.

No volvimos a experimentar ningún episodio paranormal más. 

 Nos dimos cuenta de las horribles consecuencias que pueden tener nuestros actos. Y de que al final, lo que haces a los demás te lo estás haciendo a ti mismo. Y de una manera u otra se te devuelve.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Margarita Martín

    Está muy entretenido y mantiene el suspense. Da gusto leer la historia.

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