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Sara: La cenicienta en el siglo XXI

La cenicienta del siglo XXI

Sara era una joven que se fue de su pueblo a otro continente en busca de una vida mejor.  Se fue a un humilde apartamento, que le ofreció Lara, otra chica de su mismo pueblo para compartir gastos. Lara ya llevaba un año en esa ciudad, por lo que ya tenía empleo. Trabajaba como personal de limpieza en unas oficinas y hablo con su encargada para solicitar una vacante para su amiga recién llegada.

Sara llegó a su nueva vida llena de esperanzas e ilusiones. La casa le pareció perfecta aunque se trataba de un diminuto apartamento en un edificio que prácticamente en ruinas. Sin embargo, los pocos vecinos que quedaban en el edificio, parecían personas maravillosas que la acogieron con los brazos abiertos. La señorita  Rosalía del tercero, una mujer madura y entradita en carnes, les llevo una apetitosa lasaña como regalo de bienvenida. Laura del segundo le pidió perdón por anticipado por sus gemelos de once años mientras se les oía corretear por la escalera. Y Dany, un chico alto y fuerte, de aspecto dulce y muy  atractivo que vivía en su misma planta la ayudo a subir sus escasas pertenencias.

Sara no solo era una chica muy atractiva, además poseía esa luz interior que hace que el resto se sientan atraídos por ella. Dani no fue una excepción. Siempre intentaba hacerse el encontradizo por la escalera para poder conversar con ella un rato y se ofrecía a hacer todo tipo de mandados. Hasta que un día se decidió y le invitó a salir.

 Pero eso no era algo que entrara dentro de los planes de Sara y le contestó de la manera más dulce que pudo: 

 _ Eres muy amable y me siento alagada pero en estos momentos no puedo pensar en salir a divertirme. Veras, he cruzado tantos kilómetros con un fin, trabajar duro para poder terminar mis estudios y labrarme un futuro. Espero que lo entiendas y podamos seguir siendo buenos amigos. Dani se quedó muy triste pero respeto sus deseos.

En la empresa en el que empezó a trabajar Sara había muchos despachos en los que trabajaban hombres y mujeres. Arquitectos, abogados, ingenieros,  constructores, promotores, etc. Ellos no solían hablar con el personal de limpieza y estos les devolvían el favor. 

Un día en el que Sara estaba limpiando uno de los despachos apareció un hombre con una melena rubia que le caía delicadamente sobre su rostro. Era verdaderamente guapo, parecía un príncipe de cuento. Aunque era su despacho, el joven, muy educadamente, se disculpó y preguntó si podía interrumpirla.

Sara pidió perdón y se dispuso a salir del despacho. Pero el no la dejó diciendo:

_ No, no te vayas, por favor. Solo he venido a recoger unas llaves. Tal vez puedas ayudarme, no consigo encontrarlas.

_ Lo siento, no he visto ninguna llave. Contesto Sara. _ Pero intentaré ayudarle ._ Y empezó a buscar por todo el despacho,  al mirar debajo de la mesa, al lado de una de las patas, vio las llaves. Se agacho a recogerlas y le preguntó si eran las que estaba buscando.

_Sí, contestó el muchacho con entusiasmo. Se me habrán caído, ¡que torpe soy!

Sara estiro su brazo para entregarle las llaves. Y en ese momento sus manos se rozaron por unos instantes y Sara sintió un escalofrío. Una sensación agradable y al mismo tiempo aterradora.

Entonces el la miró más de cerca y la dijo como si no pudiera contenerse:_ ¡Tienes unos ojos preciosos!_ ¿Cómo te llamas?_ preguntó con interés.

 Se presentaron y comenzaron a hablar alegremente, como si se conocieran de toda la vida. Tanto fue así que a Jesús se le olvidó que tenía una cita.

_¡Vaya se me ha hecho tarde! Tengo una reunión importante, pero me gustaría volver a verte. Esta noche voy a una fiesta de trabajo. Algo aburridísimo. Pero si me hicieras el honor de acompañarme podría convertirse en algo estupendo. ¿Qué me dices?_ dijo cogiéndole de la mano.

Sara se sentía en una nube, no daba crédito a lo que estaba pasando. Se quedo un segundo sin saber que decir, y en ese mismo instante entró Lara en el despacho.

La situación se puso tensa. Especialmente para Sara, quien se apresuró a separar la mano de la de Jesús. _ Eso no será posible, dijo finalmente.

Jesús que se divertía con el embrollo sonrió y mirando a Sara, la señaló con el dedo y dijo: _ No pienso aceptar un no por respuesta. Y salió de la habitación con paso elegante.

No se volvió a hablar del asunto, pero una vez en casa, sonó el timbre de la puerta. Era un repartidor que traía un paquete muy grande a nombre de Sara.

 Dentro había un precioso vestido de fiesta con un bolso y zapatos a juego. Y una nota en la que ponía: «Te recojo a las 20:00 h. estoy deseando verte con ese vestido».

Ninguna de las dos podía dar crédito a lo que estaba pasando. Y después de dialogar largo y tendido de lo inapropiado de la situación y la mala idea de salir con uno de sus jefes y de mas inconvenientes, Sara decidió que quería conocer, aunque solo fuera por un día, la vida que llevaban los más privilegiados.

 Se probó el vestido y se sintió como cenicienta después de la visita de su Hada Madrina. Se dijo a si misma que solo sería esa vez, que solo echaría un vistazo a esa «otra vida» y que después volvería a su rutina como si nunca hubiera pasado. Y pese a todas las objeciones de Lara, a las 20:00 en punto estuvo preparada esperando a su príncipe.

Pero nada más lejos de la realidad, su plan de echar un vistazo y olvidarse de lo vivido  no funcionó. La noche fue inolvidable, su acompañante encantador y Sara se sentía flotar. Después de esa fiesta llego una comida y luego una cena y luego más citas. Hasta unas mini vacaciones de un fin de semana.

Sara sabía que aquello no estaba bien. Se sentía como en una pompa de jabón, de la que no quería bajarse pero sabía que estallaría más pronto que tarde haciéndole caer. Y también sabía que con su aptitud estaba haciendo daño a personas que la querían, como a Dani, que pese a haberle rechazado, siempre era amable y se portaba muy bien con ella.

Una de las noches que llegó a su casa de una fiesta, Jesús la acompañó hasta el portal y allí se quedó besándola.  En ese momento Dani entró, y por un segundo se cruzaron sus miradas.  Daniel continuó hacía a su casa dejándoles solos. No medio palabra, ni siquiera puso mala cara. Pero Sara sintió en lo más profundo de su corazón una punzada intensa y un sentimiento de culpa que no la dejó indiferente.

 De repente, deseó separarse de Jesús de un empujón y salir corriendo detrás de Daniel. Pero no lo hizo. Y se quedó con un amargo sabor de boca, aunque no sabía muy bien por qué.

Un día al volver del trabajo, Sara escuchó un gran revuelo por las escalera. Al principio pensó que serían los gemelos de Laura que estaban jugando, pero no, no eran los niño, los que formaban tal escandalera eran los vecinos que se habían reunido y parecían estar muy disgustados.

Sara se acercó a ellos para interesarse por lo que pasaba. Todos hablaban al tiempo y era difícil enterarse. La señorita Rosalía no dejaba de llorar y Laura abrazaba a sus hijos entre sollozos. Casi todos llevaban papeles en la mano, pero Sara seguía sin saber de que se trataba. Entonces se acercó a Lara para preguntarle qué pasaba. Lara se abrazó a ella nada más verla. Después puso unos papeles en su mano sin mediar palabra y sin dejar de lloriquear. 

Sara, que era muy espabilada, enseguida se dio cuenta de que aquel documento llevaba el logo de la empresa en la que ambas trabajaban, y por supuesto también Jesús. Lo que se podía leer a simple vista era desgarrador: «documento de desahucio por demolición del inmueble» 

Sara empezó a leer el documento y según lo hacía se iba echando las manos a la cabeza. No solo les informaba la inevitable demolición sino que les daba tan solo un plazo de 8 meses para desalojar el inmueble. Los que estaban como ella alquilados no recibirían indemnización alguna y a los que tenían el apartamento en propiedad les ofrecían un precio ridículo.

Sara, horrorizada con la injusticia que aquello suponía, se apresuró a llamar a Jesús pensando que este podría ayudarles.

_ ¡A dónde vas! le gritó Lara.

_ A buscar una solución. No tardaré. Contestó Sara sonriente.

Lara miró a Dany, que se encontraba a su lado en silencio, y este movió la cabeza como si supiera lo que Sara estaba pensando.

Y descubrieron que los otros cuatro apartamentos que estaban sin ocupar también pertenecían a la empresa  Promociones & CIA.

 Daniel habló con su casero y este le dijo que no tenia nada que ver con esa empresa y que les ayudaría en todo lo que pudiera. 

Pero lo más interesante fue lo que descubrió Laura cuando fue a hablar con los del banco. No fue fácil, y hasta el personal del banco estaba desconcertado hablando unos con otros, pero al final todo salió a la luz.

Al parecer, el piso de Laura pertenecía a su marido. El muy cabrón les había estado cobrando un alto alquiler a su mujer y sus dos hijos. Tuvieron que revisar mucha documentación y llamar a la central, pero al final descubrieron que el marido de Laura hacía ya dos años que había fallecido debido a su drogodependencia y ahora todo pasaba a pertenecer a Laura y sus hijos . Además del piso, también les correspondía el local que en otros tiempos había sido una tienda de ultramarinos. Y todo el dinero que había en la cuenta en la que habían estado pagando el alquiler al marido sin saberlo se había convertido en unos suculentos ahorros con los que podían contar.

Esto fue una alegría para todos, pero no quedaron aquí las sorpresas. Una noche en la que estaban trabajando Sara y Daniel en el apartamento de este, alguien llamó de imprevisto a la puerta.

Al principio ninguno de los dos sospechaba quien podía ser, y al decir su nombre se quedaron aún más sorprendidos. 

_ Buenas noches, soy Carlos Rodríguez, el casero. Puntualizó. Era un hombre ya mayor. Tenía el pelo blanco y la cara redonda. Llevaba gafas y tenía una tierna sonrisa. 

Les explicó que era un abogado ya jubilado al que le encantaban los casos perdidos y le le horrorizaban con las injusticias.

 Ellos le explicaron hasta donde conocían, y el les escuchó con interés. Así, sin más el Sr. Rodríguez se convirtió oficialmente en el abogado de todos ellos.

Sara y Lara seguían yendo a trabajar a diario y también seguían buscando alguna documentación que les fuese de ayuda. Aunque hasta el momento no habían tenido éxito, de repente Sara reconoció entre unos papeles la dirección de su piso. Se apresuró a hacer fotos a todas y cada una de las hojas que incluía el documento mientras Lara vigilaba que nadie las viera.

Una vez reunidos todos los interesados en el apartamento de Dani y con una suculenta cena a base de pizza y refrescos, el Sr. Rodríguez les explicó como estaban las cosas.

Por lo que hemos podido averiguar, la empresa Promociones & CIA, , es tan solo una intermediaria. Lo que significa que pretende comprar a precio de saldo este edificio para vendérselo a un constructor por una nada despreciable cantidad.

La buena noticia es que la carta que hemos recibido todos no es oficial, y su contenido está del todo fuera de la ley.

La empresa Promociones & CIA es una mera intermediaria que pretende comprar el edificio a precio de saldo para después venderlo por mucho dinero.

Diseño sin título

Sara y Lara han encontrado unos documentos en la oficina de Jesús, los cuales han fotografiado. Revisando la documentación, Sara ha reconocido uno de los nombres de los compradores y vamos a intentar ponernos en contacto con el. Sabemos la oferta que tienen de estos constructores y os aseguro que si conseguimos hacer nosotros el negocio por nuestra cuenta ganaríamos una cantidad nada despreciable.

Todos estuvieron de acuerdo y así se hizo. Resulta que Sara había conocido en una de las fiestas a la fue con Jesús a Rodrigo Martínez, un señor bien parecido, alto, delgado y canoso. Estuvieron conversando largo rato después de haber sido presentados y se cayeron muy bien mutuamente. 

Al ponerse en contacto con el, Rodrigo la reconoció en seguida, y estuvo encantado de darle una cita. Cuando se vieron en el despacho, Sara le presentó a Carlos Rodríguez como su asesor y le explicó el porqué de la visita de la  forma más clara que pudo y sin dejarse nada en el tintero, mientras Rodrigo escuchaba con interés.

Aunque Rodrigo era amigo de Jesús, entendía perfectamente la postura e indignación de Sara.

_ Miren, les dijo en un tono muy serio, yo aún no he firmado nada. No me gusta hacer negocios abusando o engañando a nadie. Si ustedes son capaces de ponerse de acuerdo con la empresa que posee el resto de los apartamentos del edificio, yo les mantendré la misma oferta que les hemos hecho a ellos.

Y así lo hicieron, hablaron con la empresa propietaria del resto del edificio y solo tuvieron que ofrecerles un poco mas de dinero y todo fue sobre ruedas.

 Todos salieron ganando y estaban muy contentos. Tan bien salió la operación, que Rodrigo  ofreció a Sara un puesto en su empresa y decidió ser su mentor.

Por su parte Jesús, del que no supo nada Sara desde el día en el que comenzó todo, se puso en contacto con ella utilizando todos sus encantos para intentar ponerla de su parte y parar la operación. Pero no tuvo éxito. 

Sin embargo decidió dar una oportunidad a Dani con quien había creado un vinculo especial en esos días en los que estuvieron trabajando juntos. 

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